sábado, 16 de junio de 2012

Benigna Mier Mex


¿Son todavía relevantes las reflexiones de Arendt sobre el mal?

Los orígenes del totalitarismo, declara: “Y si es verdad que en las etapas finales del totalitarismo aparece un mal absoluto (absoluto porque no puede ser ya deducido de motivos humanamente comprensibles), es también verdad que sin él podríamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del Mal”

Tal vez estemos viviendo épocas oscuras, pero no vivimos el tipo de totalitarismo que Arendt experimentó. Las reflexiones de Arendt sobre el mal sí tienen una relevancia hoy en día, y que pueden servir como un correctivo a algunas de las maneras actuales poco cuidadosas de hablar sobre el mal.

Teoría de la banalidad del mal –como si fuese una teoría que intentara tipificar el mal nazi. Arendt nunca habló de esa manera, ella explícitamente negó que la banalidad del mal fuese una teoría. En cambio, era “un fenómeno que saltaba a la vista en el juicio Nazi.

El abuso del mal, he argumentado que este discurso sobre el bien y el mal refleja una mentalidad peligrosa –una mentalidad que es arrastrada a absolutos, a dicotomías claras y simples, y a presuntas certezas morales.

 El discurso de moda acerca del bien y el mal está siendo usado como una cínica arma política para sofocar al pensamiento crítico y oscurecer asuntos complejos. Hablar y pensar de esta manera, hablar de los “malos”, los “sirvientes del mal”, “el eje del mal”, como nuestros líderes políticos frecuentemente hacen, puede ser altamente exitoso mitigando los temores y angustias de las personas, pero corrompe la política.

Todo lo que aprendemos de Arendt acerca de la política nos enseña que la política involucra  juicio, debate y el tipo de libertad pública tangible que existe cuando los seres humanos actúan y hablan entre ellos como iguales. Cualesquiera sean las críticas que queramos hacer acerca de las limitaciones de su concepción de la política, Arendt captura algo que es vital para cualquier concepción genuina de la política democrática. Consecuentemente, la primera lección que podemos aprender de Arendt es a estar en guardia cuando los absolutos –bien y mal absolutos– se introducen en la política.

Arendt usa la frase “mal radical” para describir al totalitarismo, y esta idea ha vuelto a estar en circulación. Sin embargo, mientras que Arendt no permitió que tal etiqueta le impidiera explorar las fuentes de ese mal, las mentes menos sutiles que invocan el concepto hoy lo hacen para enmudecer las críticas a sus respuestas.

El “mal”, sea radical o banal, se enfrenta por lo general con falta de imaginación. El terrorismo es una amenaza que demanda un esfuerzo complejo y elaborado para distinguir a los simpatizantes de los militantes y mantener sus conversos al mínimo. El terrorismo requiere también comprender cómo nuestras políticas pasadas pueden haber colaborado en la emergencia de tan venenosas protestas.

El mal ha probado ser más radical que lo esperado. En términos objetivos, los crímenes modernos no son estipulados en los Diez Mandamientos. O: la tradición occidental está siendo afectada por la preconcepción según la cual las cosas más malas que los humanos pueden hacer surgen del vicio del egoísmo. Sin embargo, sabemos que los males más grandes o el mal radical no tienen nada que hacer ya con aquellos motivos humanamente comprensibles, motivos pecaminosos. No sé lo que el mal radical es realmente, pero me parece que de alguna manera tiene que ver con el siguiente fenómeno: hacer a los seres humanos superfluos en tanto seres humanos. Esto sucede en el momento en el que toda impredecibilidad – que, en los seres humanos, es el equivalente a la espontaneidad– es eliminada. Y todo esto a su turno surge de –o, mejor, va de la mano con– el delirio de omnipotencia (no simplemente con el deseo de poder) de un hombre individual. Si un hombre individual qua hombre fuese omnipotente, entonces no hay razón alguna por la cual los hombres en plural deban existir en absoluto.

Arendt presenta un modelo analítico en tres etapas de la “lógica” de dominación total –modelo que ha sido raramente superado por su incisiva perspicacia. Ella argumenta que los campos de concentración y exterminio son “la institución más consecuente de un gobierno totalitario”; ellos “sirven como laboratorios en los que la creencia fundamental del totalitarismo de que todo es posible es verificada”.

“El primer paso esencial en la ruta a la dominación total es asesinar a la persona jurídica en el hombre”. Esto empezó mucho antes de que los nazis establecieran los campos de la muerte. Arendt se está refiriendo a las restricciones legales que privaron a los judíos (y a otros grupos como los homosexuales y los gitanos) de sus derechos jurídicos. “El objetivo de un sistema arbitrario es destrozar los derechos civiles de toda la población, que en última instancia se sitúa tan fuera de la ley en su propio país como los apátridas o quienes carecen de casa. La destrucción de los derechos del hombre, el asesinato de la persona jurídica en él, es un prerrequisito para dominarlo completamente”.

“El siguiente paso decisivo en la preparación de cadáveres vivientes es el asesinato de la persona moral en el hombre”. La SS, que supervisaba los campos, fue perversamente brillante en su intento de destruir la solidaridad humana.

Cuando un hombre se enfrenta a la alternativa de traicionar y por tanto asesinar a sus amigos o enviar a su esposa y niños, de quienes es en todo sentido responsable, a la muerte; y cuando incluso el suicidio significaría el asesinato inmediato de su propia familia, ¿cómo podría él decidir? La alternativa no es más entre el bien y el mal, sino entre asesinato y asesinato. ¿Quién podría resolver el dilema moral de la madre griega, a la que los nazis le permitieron elegir cuál de sus tres hijos debía ser asesinado? .

Pero esto no es aún lo peor. Hay un tercer paso en la ruta a la dominación total –y es aquí que nos enfrentamos cara a cara con el mal radical.

Luego de la muerte de la persona moral y la aniquilación de la persona jurídica, la destrucción de la individualidad es casi siempre exitosa. Pues destruir la individualidad es destruir la espontaneidad, la capacidad humana de empezar algo nuevo a partir de sus recursos propios, algo que no puede ser explicado en base a reacciones al ambiente o a eventos.

Al “detenerse en los horrores”, Arendt llegó a la sorprendente toma de conciencia de que el objetivo no tan secreto del totalitarismo es el intento deliberado de hacer a los seres humanos qua humanos superfluos, el transformar a los seres humanos con miras a eliminar su humanidad –destruir su pluralidad, espontaneidad, natalidad e individualidad. Esto es lo más cerca que estuvo de comprender el mal radical –un fenómeno nuevo y sin precedentes que “nos confronta con su realidad abrumadora y destruye todos los patrones que conocemos”.

Ella aborda el tema de la superfluidad en “La caída del Estado Nación y el fin de los Derechos del Hombre”. Nos dice que la condición de apátrida es “el más reciente fenómeno de masas en la historia contemporánea, y la existencia de una nueva y creciente población compuesta de personas apátridas, el grupo más sintomático de la política contemporánea”. Arendt  hace la perturbadora pero extremadamente perceptiva observación según la cual “si consideramos los diferentes grupos entre los apátridas, parece que cada evento político desde el final de la Primera Guerra Mundial inevitablemente añadió una nueva categoría a aquellos que vivían fuera de las fronteras de la ley”. Lo que Arendt escribió hace más de cincuenta años es incluso más relevante en nuestro propio tiempo. Arendt, que fue una apátrida por dieciocho años, subraya de forma conmovedora la situación apremiante del ser humano apátrida –la no-persona superflua– que no tiene un estatus legal o político legítimo. Ser una persona apátrida es estar “sin la protección de ninguna ley específica o convención política”. Arendt argumentó que la emergencia de masas de refugiados era uno de los problemas del siglo veinte más difíciles de manejar– y se esta volviendo igual de difícil (tal vez más) en el siglo veintiuno. En los pasajes finales de Los orígenes, nos dice de forma profética que “las soluciones totalitarias pueden muy bien sobrevivir a la caída de los regímenes totalitarios en la forma de fuertes tentaciones que reaparecerán cada vez que parezca imposible aliviar la miseria política, económica y social de una manera digna del hombre .

Esta creación recurrente de masas de refugiados y apátridas despersonificados está en el corazón de la aguda crítica de Arendt a apelaciones a los abstractos Derechos del Hombre –los derechos inalienables que un ser humano supuestamente posee en tanto ser humano. “Los Derechos del Hombre, después de todo, han sido definidos como ‘inalienables’ porque se suponía que eran independientes de todos los gobiernos, pero sucedió que en el momento en que los seres humanos carecían de un gobierno propio y tuvieron que apoyarse en sus derechos mínimos, no había autoridad alguna para protegerlos ni institución que estuviese dispuesta a garantizarlos”. Es esta la condición en la que uno se vuelve superfluo –una situación que es a la vez precaria y extremadamente peligrosa. Es por esto que Arendt sostiene que el derecho más fundamental es “el derecho a tener derechos” –el derecho a pertenecer a una comunidad política que proteja y garantice los derechos de uno como ciudadano.

Solo en el último estadio de un proceso más bien largo es que su derecho a la vida se ve amenazado; solo si permanecen perfectamente “superfluos”, si no se puede hallar a nadie que los “reclame”, pueden estar sus vidas en peligro.

Los problemas de los apátridas, los refugiados, los “inmigrantes ilegales”, o incluso los inmigrantes legales que son tratados como ciudadanos de segunda clase (o incluso como no-ciudadanos) se han diversificado, complicado y cargado de tensiones explosivas en nuestro tiempo. Debemos tomar seriamente la advertencia de Arendt acerca de lo que puede ocurrir cuando masas de personas se vuelven súbitamente superfluas. Si no encontramos formas de enfrentar este fenómeno de una manera humana que reconozca como fundamental el “derecho a tener derechos”, las soluciones totalitarias al problema de la superfluidad permanecerán como una fuerte tentación.

De hecho mi opinión actual es que el mal nunca es “radical”, que es solo extremo, y que no posee ni profundidad ni dimensión demoníaca alguna. Puede crecer y devastar el mundo entero precisamente porque se expande como un hongo sobre la superficie. “Desafía al pensamiento”, como dije, porque el pensamiento trata de alcanzar alguna profundidad, ir a las raíces, y en el momento en que se preocupa del mal, se frustra pues no hay nada.

¿Qué es precisamente la banalidad del mal? ¿Es esta noción todavía relevante para afrontar al mal hoy en día? La frase “banalidad del mal” es una de las razones principales por las que Eichmann en Jerusalén provocó –y todavía provoca– tanta controversia. Podría haber sido mejor que Arendt usara una expresión menos provocadora, como la sugerida por Seyla Benhabib –la “rutinización del mal”. Pero “banalidad del mal” tiene un poder de conmoción que nos insta a detenernos y pensar –a enfrentar las nuevas formas que el mal ha asumido en nuestro tiempo.

Esas suposiciones identificaban el mal y la mala intención tan plenamente que negar lo último era normalmente visto como una manera de negar lo primero. Ahí donde la mala intención está ausente, podemos considerar a los agentes responsables del mal infligido, pero vemos ello como un asunto de negligencia criminal. Alternativamente, quien niega que la intención criminal esté presente en una acción particular es considerado como alguien que exonera al criminal. Esta es la fuente de la controversia que todavía rodea a Eichmann en Jerusalén de Arendt… La convicción de que la culpa requiere malicia y premeditación llevó a que la mayoría de lectores concluyera que Arendt negaba la culpa porque negaba la malicia y la premeditación –pese a que ella con frecuencia repetía que Eichmann era culpable, y estaba convencida de que merecía ser ahorcado7.

Pese a que Arendt no pensaba que Eichmann fuese un monstruo satánico, era responsable de sus actos; no fue un mero engranaje burocrático en la máquina de la muerte nazi. Arendt rechaza categóricamente lo que ella llamaba “la teoría del engranaje”. En respuesta a la afirmación de que uno era un mero engranaje en una máquina, siempre es apropiado preguntar: “¿Y por qué se volvió usted un engranaje o continuó siendo una rueda bajo esas circunstancias?” (PRD, 186)

¿Por qué es tan controversial el concepto de “banalidad del mal”? Sugiero que la razón de ello está relacionada a Arendt en tanto que pensadora independiente. Ella estaba convencida de que con el evento del totalitarismo había habido un quiebre radical en la tradición. No se puede seguir confiando en las categorías, conceptos y normas tradicionales para comprender lo que ha sucedido. La tarea es forjar nuevos conceptos y categorías que iluminen la oscuridad de nuestro tiempo. Debemos aprender a apartarnos de las dicotomías simplificadoras en las que se asume falsamente que si negamos que alguien tenga intenciones malas deliberadas, estamos afirmando su inocencia. Debemos aprender a comprender cómo alguien puede no tener malas intenciones y ser “aterradoramente normal”, y al mismo tiempo ser responsable y punible por sus actos. 9

Ahora, en el siglo veintiuno, en un mundo inundado de refugiados y víctimas de “limpiezas étnicas”, en el que el racismo y el fanatismo continúan dominando la política, y en el que tribunales internacionales juzgan a militares de a pie de genocidio y a sus superiores políticos y militares, Eichmann aparece cada vez más como un hombre de nuestro tiempo.

Esta es la lección principal de la banalidad del mal. Uno no tiene que ser un monstruo, un sádico o una persona viciosa para cometer actos terribles y malvados. Las personas normales en su vida diaria, “los ciudadanos decentes”, incluso líderes políticos respetables, que están convencidos de la rectitud de su causa, pueden cometer actos monstruosos. Las condiciones burocráticas y tecnológicas de la modernidad hacen de esto un fenómeno mucho más plausible y peligroso. Pero, como enfatiza Arendt, esto no mitiga la culpabilidad y responsabilidad de quienes cometen estos actos. Arendt desea que afrontemos honestamente la “paradoja” de que si bien las personas normales pueden cometer acciones horrendas incluso sin intenciones deliberadas, son sin embargo completamente responsables de estos actos y deben dar cuenta de ellos.

Es casi maniqueo porque a diferencia de los maniqueos, que pensaban que el Bien y el Mal eran primordiales y equivalentes, y estaban involucrados en una lucha eterna, nuestra mitología –tan dominante en nuestras películas de Hollywood, nuestra cultura popular y nuestra retórica política– es una en la que “sabemos” que el Bien triunfará en última instancia sobre el mal.

Arendt nos compele a enfrentar la difícil y dolorosa pregunta acerca del significado del mal en el mundo contemporáneo, la facilidad con la cual se vuelve a los seres humanos superfluos, la debilidad de la así llamada “voz de la conciencia”, las formas sutiles de complicidad y cooperación que “acompañan” a los actos asesinos.

 En un crimen tan enorme y complicado como el que hoy consideramos, en el que mucha gente participó, en diferentes niveles y mediante diversas formas de actividad (los planificadores, los organizadores y aquellos que ejecutaron los actos, de acuerdo a sus varios rangos), no tiene mucho sentido usar los conceptos ordinarios de asesoría y prestación de servicios en la comisión de un crimen. Pues estos crímenes fueron cometidos en masa, no solo con respecto al número de víctimas, sino también al número de aquellos que perpetraron el crimen, y el grado en el cual cualquiera de los criminales estaba cerca o lejos de la víctima no significa nada en lo que se refiere a la magnitud de la responsabilidad. Por el contrario, en general, el grado de responsabilidad se incrementa a medida que nos alejamos de la persona que usó el instrumento fatal con sus propias manos.

CONCLUSION

Este trabajo analiza dos conceptos centrales en la obra de Hannah Arendt: el mal radical y la banalidad del mal. En el desarrollo se explora las relaciones entre las condiciones del ser moral y el ser político. La tesis principal sostiene que la aparición del mal radical en la historia del siglo XX excluye la acción política de las relaciones humanas. Lo político nace en la pluralidad de las relaciones humanas, y su destrucción tiene que ver con la actitud irreflexiva, la incapacidad para pensar y juzgar las acciones propias y de las otras personas. Sin embargo, el ámbito político puede ser protegido si las personas reafirman su diferencia, si son capaces de encontrarse consigo mismos en la actividad del pensamiento, al menos en ciertos momentos de crisis social. Puede que el pensamiento no proteja a los hombres de la maldad, pero sí mantiene la condición de la pluralidad humana. Pero la lección de Arendt nos muestra que el camino para comprender es volver a pensar. Arendt sostiene que en las sociedades modernas la mayoría de nuestras acciones son de índole utilitaria, y que la maldad nace de extremar el egoísmo. Por su parte, el mal radical,  como se ha dicho, no puede ser comprendido a partir de motivos utilitarios.

POLITICA, GOBIERNO Y SOCIEDAD  CIVIL



ESTATISMO VS NEOLIBERALISMO

Estatismo es un término utilizado en el ámbito de la filosofía política que enfatiza el rol del estado en el análisis de los cambios políticos; o, en describir corrientes políticas que apoyan el uso del estado para alcanzar ciertas metas. Es lo opuesto a anarquismo o a libertarismo

El estado interventor fue  motivado en primer lugar  por el incremento de las luchas sociales  en pos de la democracia y la justicia distributiva. La columna vertebral del estado fue el pacto entre el gobierno el sector patronal y el movimiento obrero organizado. Sin embargo el estatismo sufrió serie deficiencias  como burocratismo, crisis de las finanzas públicas, paternalismo corrupción y crecimiento desproporcionado  del aparato público.

Neoliberalismo es uno de los nombres que se usa para describir una ideología económica. También se puede llamar capitalismo corporativo, globalización corporativa, globalización, y hasta la economía suicida. Esta ideología es la que actualmente domina las políticas de la economía global. El neoliberalismo, cómo llegó a dominar el mundo económico, cómo el neoliberalismo afecta a los pueblos del mundo.

Criticaron  la formula económica del estado y propusieron disminuir la demanda social, hacer eficiente en términos tecnocráticos el aparato público y particular mente dejar que el mercado  opere sin restricciones-

El neoliberalismo sigue siendo la ideología dominante en los gobiernos de muchos países, tanto ricos como pobres; en las corporaciones transnacionales; y en organizaciones multilaterales como el Banco Mundial, el FMI, y la Organización Mundial del Comercio. La calidad del neoliberalismo no puede dar lugar  a la expansión  de nuevas formas de totalitarismo, por eso miles de gentes  están trabajando para entender y explicar los principios destructivos del sistema neoliberal; y para proponer y construir formas económicas alternativas, en las que el mercado está subordinado a los derechos humanos, la justicia para todos y todas, la democracia, y la sustentabilidad medioambiental.

TERCERA VIA NEOPOPULISMO.

El neopopulismo es una tesis reciente sobre un tipo particular de liderazgo político que, a grandes rasgos, se caracterizaría por tres elementos:



Un discurso crítico hacia las élites establecidas, se responsabiliza de los problemas sociales a la mala gestión de las elites establecidas en el poder y, para ello, se reivindican figuras dicotómicas del tipo amigo/enemigo (como, por ejemplo, pueblo versus elite, pobre versus rico o indio versus blanco);

El uso de técnicas avanzadas de ingeniería política, la estructura partidista pasa a un segundo plano para convertirse en movimientos de apoyo al líder;

La preponderancia de una mediación entre líder y masas a través de los medios de comunicación de masas. Se acrecenta la relación mediática propia del populismo clásico, pero ahora se recurre a nuevas técnicas de marketing y de teatralización, de modo que el liderazgo personal carismático y los mensajes televisivos adquieren una mayor preponderancia.

Si bien el neopopulismo es un fenómeno que se da en varias partes del mundo, éste tiene un carácter destacado en América Latina, y es indistinto a partidos de derecha o de izquierda. En esta región la emergencia del neopopulismo se relaciona con los procesos de doble transición que se producen en los años ochenta; esto es, el tránsito de una sociedad y economía aislada a una integrada a la globalización y el paso de regímenes autoritarios a otros democráticos. Como resultado de estos procesos de doble transición se ha ido dando una desarticulación de las clásicas relaciones que existían entre partidos políticos y ciudadanía, de modo que se abre un espacio para la generación de nuevos tipo de liderazgo.

NUEVA SOCIEDAD CIVIL

Los grupos pertenecientes  a la sociedad civil están relacionados con las actividades de orden público, la sociedad civil por su naturaleza, es plural. Solo la democracia proporciona  las bases  para una sociedad civilizada que cumple el sueño  de la modernidad. Esta sociedad  con sus atributos dialógicos y publicitarios aparece como  voz de batalla contra el autoritarismo.

DEFINICION DE LA SOCIEDAD CIVIL-

La sociedad civil  o espacio cívico ocupa un lugar intermedio entre el gobierno y el sector privado. No es donde votamos ni tampoco donde compramos y vendemos. Más bien  en donde hablamos con nuestros semejantes sobre la protección mutua, planeamos los beneficios de nuestra comunidad, discutimos la manera en la que nuestra sinagoga o iglesia pueden ayudar a los desamparados. En este terreno nos convertimos en agentes públicos y compartimos  con el gobierno el sentido de la publicidad y el compromiso con el interés común  y el bienestar. Pero a diferencia del gobierno, no reclamamos para nosotros el ejercicio del monopolio de la fuerza legítima. Más bien trabajamos aquí  voluntariamente y en ese sentido habitamos en el reino de lo privado dedicado a la cooperación para lograr el bien público. La sociedad civil comparte con el sector privado el don de la libertad. Es voluntaria y está constituida por asociaciones libres, individuos y grupos. Pero a diferencia del sector privado su propósito es la formación de un terreno común  y formas consensadas de acción. En consecuencia, la sociedad civil es pública sin ser coercitiva; voluntaria; sin ser privatista. A esta área pertenecen  nuestras instituciones civiles tradicionales como las fundaciones, las escuelas, las iglesias, las agrupaciones de interés público. Los medios de comunicación también se inscriben en la sociedad civil siempre y cuando ellos pongan sus  responsabilidades públicas por encima de sus intereses comerciales.

REPUBLICANISMO Y COMUNITARISMO

La doctrina liberal  tiene una idea de la justicia nutrida  por los derechos individuales y el principio de neutralidad, El republicanismo es una teoría política que propone y defiende la república como el modelo de gobierno óptimo para un Estado. En sentido estricto, la república se define en oposición a las otras formas clásicas de gobierno: la monarquía y la aristocracia; así como a sus respectivas corrupciones: el despotismo y la oligarquía. Por extensión, se refiere a un sistema político que protege la libertad y especialmente se fundamenta en el derecho, en la ley como expresión de la voluntad soberana del pueblo y a la que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo. Se ha escrito mucho sobre qué tipos de valores y comportamientos deben tener los ciudadanos de una república para su desarrollo y éxito; se suele hacer énfasis generalmente en la participación ciudadana, valores cívicos y su oposición a la corrupción.

 La crítica comunitarista se ha centrado en el individualismo y su pretensión de que hay una autonomía moral vinculada a la naturaleza universal  de sus postulados. Los comunitaristas rechazan  esa autonomía moral y las tesis  universalistas porno tomar en cuenta, entre otras cosas la pertenecía  que el individuo tiene con una especifica comunidad de origen. Afirman que no hay individuos abstractos, sino grupos humanos históricamente situados. Los hombres se socializan  en comunidades de las cuales derivan su identidad cosmogonía y categoría mentales.

DEMOCRACIA Y SOCIEDAD CIVIL

Un factor importante para la democracia  y la sociedad civil es la ciudadanía, simplemente si no hay ciudadanía no hay democracia.

Sociedad civil implica una perspectiva plural desde la cual las personas  despliegan su actividad  fuera de los cánones  políticos, en la infinita variedad de organizaciones  que compone la sociedad civil.

Sociedad civil quiere decir libertad asociativa con el consecuente derecho de entrada y salida. La democracia no consiste en la búsqueda del bien común por encima del derecho, la democracia implica un conjunto de normas que regulan el juego de intereses en competencia, se basa en  la racionalidad de las instituciones y del sujeto pensante. En la sociedad civil  moderna  no le interesa cualquier tipo  de Estado sino el Estado democrático.

Características para una sociedad civil:

a.- La existencia de un estado de derecho que efectivamente proteja a los ciudadanos frente a las arbitrariedades de los funcionarios públicos

b.- La solida presencia de organizaciones no estatales capaces de vigilar eventuales abusos de poder  de parte de quienes controlan las orientaciones de las administraciones públicas y la coerción

c.-La existencia de un pluralismo balanceado entre los intereses  de la sociedad civil, tal que ninguno de esos intereses pueda establecer un dominio absoluto.

Como se puede apreciar la sociedad civil  tiene que combatir en varios frentes, contra el invasivo del Estado, contra las nuevas tendencias disgregadoras  encamadas  en el multicultarismo, contra el corporativismo y contra los resabios del neoliberalismo.

En resumen, el neopopulismo es una respuesta a la transformación de la representación partidaria que se ha venido dando a contar de los años ochenta. Resulta difícil hacer una evaluación de este tipo de liderazagos, pero sus críticos señalan una serie de rasgos (excesivo personalismo, desperfilamiento de las instituciones intermedias, bajo nivel de fiscalización, etc.) que, a su juicio, lo hacen rechazable.

1 comentario:

  1. Bien aunque debiste hacerlas separadas y están un poco largas necesitas sistematizar tus síntesis

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