Benigna Mier Mex
¿Son
todavía relevantes las reflexiones de Arendt sobre el mal?
Los
orígenes del totalitarismo, declara: “Y si es verdad que en las etapas finales
del totalitarismo aparece un mal absoluto (absoluto porque no puede ser ya
deducido de motivos humanamente comprensibles), es también verdad que sin él
podríamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del Mal”
Tal
vez estemos viviendo épocas oscuras, pero no vivimos el tipo de totalitarismo
que Arendt experimentó. Las reflexiones de Arendt sobre el mal sí tienen una
relevancia hoy en día, y que pueden servir como un correctivo a algunas de las
maneras actuales poco cuidadosas de hablar sobre el mal.
Teoría
de la banalidad del mal –como si fuese una teoría que intentara tipificar el
mal nazi. Arendt nunca habló de esa manera, ella explícitamente negó que la
banalidad del mal fuese una teoría. En cambio, era “un fenómeno que saltaba a
la vista en el juicio Nazi.
El
abuso del mal, he argumentado que este discurso sobre el bien y el mal refleja
una mentalidad peligrosa –una mentalidad que es arrastrada a absolutos, a
dicotomías claras y simples, y a presuntas certezas morales.
El discurso de moda acerca del bien y el mal
está siendo usado como una cínica arma política para sofocar al pensamiento
crítico y oscurecer asuntos complejos. Hablar y pensar de esta manera, hablar
de los “malos”, los “sirvientes del mal”, “el eje del mal”, como nuestros
líderes políticos frecuentemente hacen, puede ser altamente exitoso mitigando
los temores y angustias de las personas, pero corrompe la política.
Todo
lo que aprendemos de Arendt acerca de la política nos enseña que la política involucra
juicio, debate y el tipo de libertad
pública tangible que existe cuando los seres humanos actúan y hablan entre
ellos como iguales. Cualesquiera sean las críticas que queramos hacer acerca de
las limitaciones de su concepción de la política, Arendt captura algo que es
vital para cualquier concepción genuina de la política democrática.
Consecuentemente, la primera lección que podemos aprender de Arendt es a estar
en guardia cuando los absolutos –bien y mal absolutos– se introducen en la
política.
Arendt
usa la frase “mal radical” para describir al totalitarismo, y esta idea ha
vuelto a estar en circulación. Sin embargo, mientras que Arendt no permitió que
tal etiqueta le impidiera explorar las fuentes de ese mal, las mentes menos
sutiles que invocan el concepto hoy lo hacen para enmudecer las críticas a sus
respuestas.
El
“mal”, sea radical o banal, se enfrenta por lo general con falta de
imaginación. El terrorismo es una amenaza que demanda un esfuerzo complejo y
elaborado para distinguir a los simpatizantes de los militantes y mantener sus
conversos al mínimo. El terrorismo requiere también comprender cómo nuestras
políticas pasadas pueden haber colaborado en la emergencia de tan venenosas
protestas.
El
mal ha probado ser más radical que lo esperado. En términos objetivos, los
crímenes modernos no son estipulados en los Diez Mandamientos. O: la tradición
occidental está siendo afectada por la preconcepción según la cual las cosas
más malas que los humanos pueden hacer surgen del vicio del egoísmo. Sin
embargo, sabemos que los males más grandes o el mal radical no tienen nada que
hacer ya con aquellos motivos humanamente comprensibles, motivos pecaminosos.
No sé lo que el mal radical es realmente, pero me parece que de alguna manera
tiene que ver con el siguiente fenómeno: hacer a los seres humanos superfluos
en tanto seres humanos. Esto sucede en el momento en el que toda impredecibilidad
– que, en los seres humanos, es el equivalente a la espontaneidad– es
eliminada. Y todo esto a su turno surge de –o, mejor, va de la mano con– el
delirio de omnipotencia (no simplemente con el deseo de poder) de un hombre
individual. Si un hombre individual qua hombre fuese omnipotente, entonces no
hay razón alguna por la cual los hombres en plural deban existir en absoluto.
Arendt
presenta un modelo analítico en tres etapas de la “lógica” de dominación total
–modelo que ha sido raramente superado por su incisiva perspicacia. Ella
argumenta que los campos de concentración y exterminio son “la institución más
consecuente de un gobierno totalitario”; ellos “sirven como laboratorios en los
que la creencia fundamental del totalitarismo de que todo es posible es
verificada”.
“El
primer paso esencial en la ruta a la dominación total es asesinar a la persona jurídica
en el hombre”. Esto empezó mucho antes de que los nazis establecieran los
campos de la muerte. Arendt se está refiriendo a las restricciones legales que
privaron a los judíos (y a otros grupos como los homosexuales y los gitanos) de
sus derechos jurídicos. “El objetivo de un sistema arbitrario es destrozar los
derechos civiles de toda la población, que en última instancia se sitúa tan
fuera de la ley en su propio país como los apátridas o quienes carecen de casa.
La destrucción de los derechos del hombre, el asesinato de la persona jurídica
en él, es un prerrequisito para dominarlo completamente”.
“El
siguiente paso decisivo en la preparación de cadáveres vivientes es el
asesinato de la persona moral en el hombre”. La SS, que supervisaba los campos,
fue perversamente brillante en su intento de destruir la solidaridad humana.
Cuando
un hombre se enfrenta a la alternativa de traicionar y por tanto asesinar a sus
amigos o enviar a su esposa y niños, de quienes es en todo sentido responsable,
a la muerte; y cuando incluso el suicidio significaría el asesinato inmediato
de su propia familia, ¿cómo podría él decidir? La alternativa no es más entre el
bien y el mal, sino entre asesinato y asesinato. ¿Quién podría resolver el
dilema moral de la madre griega, a la que los nazis le permitieron elegir cuál
de sus tres hijos debía ser asesinado? .
Pero
esto no es aún lo peor. Hay un tercer paso en la ruta a la dominación total –y
es aquí que nos enfrentamos cara a cara con el mal radical.
Luego
de la muerte de la persona moral y la aniquilación de la persona jurídica, la
destrucción de la individualidad es casi siempre exitosa. Pues destruir la
individualidad es destruir la espontaneidad, la capacidad humana de empezar
algo nuevo a partir de sus recursos propios, algo que no puede ser explicado en
base a reacciones al ambiente o a eventos.
Al
“detenerse en los horrores”, Arendt llegó a la sorprendente toma de conciencia
de que el objetivo no tan secreto del totalitarismo es el intento deliberado de
hacer a los seres humanos qua humanos superfluos, el transformar a los seres
humanos con miras a eliminar su humanidad –destruir su pluralidad,
espontaneidad, natalidad e individualidad. Esto es lo más cerca que estuvo de
comprender el mal radical –un fenómeno nuevo y sin precedentes que “nos
confronta con su realidad abrumadora y destruye todos los patrones que
conocemos”.
Ella
aborda el tema de la superfluidad en “La caída del Estado Nación y el fin de
los Derechos del Hombre”. Nos dice que la condición de apátrida es “el más
reciente fenómeno de masas en la historia contemporánea, y la existencia de una
nueva y creciente población compuesta de personas apátridas, el grupo más
sintomático de la política contemporánea”. Arendt hace la perturbadora pero extremadamente
perceptiva observación según la cual “si consideramos los diferentes grupos
entre los apátridas, parece que cada evento político desde el final de la Primera
Guerra Mundial inevitablemente añadió una nueva categoría a aquellos que vivían
fuera de las fronteras de la ley”. Lo que Arendt escribió hace más de cincuenta
años es incluso más relevante en nuestro propio tiempo. Arendt, que fue una
apátrida por dieciocho años, subraya de forma conmovedora la situación
apremiante del ser humano apátrida –la no-persona superflua– que no tiene un
estatus legal o político legítimo. Ser una persona apátrida es estar “sin la
protección de ninguna ley específica o convención política”. Arendt argumentó
que la emergencia de masas de refugiados era uno de los problemas del siglo
veinte más difíciles de manejar– y se esta volviendo igual de difícil (tal vez
más) en el siglo veintiuno. En los pasajes finales de Los orígenes, nos dice de
forma profética que “las soluciones totalitarias pueden muy bien sobrevivir a
la caída de los regímenes totalitarios en la forma de fuertes tentaciones que
reaparecerán cada vez que parezca imposible aliviar la miseria política,
económica y social de una manera digna del hombre .
Esta
creación recurrente de masas de refugiados y apátridas despersonificados está
en el corazón de la aguda crítica de Arendt a apelaciones a los abstractos
Derechos del Hombre –los derechos inalienables que un ser humano supuestamente
posee en tanto ser humano. “Los Derechos del Hombre, después de todo, han sido
definidos como ‘inalienables’ porque se suponía que eran independientes de
todos los gobiernos, pero sucedió que en el momento en que los seres humanos
carecían de un gobierno propio y tuvieron que apoyarse en sus derechos mínimos,
no había autoridad alguna para protegerlos ni institución que estuviese dispuesta
a garantizarlos”. Es esta la condición en la que uno se vuelve superfluo –una
situación que es a la vez precaria y extremadamente peligrosa. Es por esto que
Arendt sostiene que el derecho más fundamental es “el derecho a tener derechos”
–el derecho a pertenecer a una comunidad política que proteja y garantice los
derechos de uno como ciudadano.
Solo
en el último estadio de un proceso más bien largo es que su derecho a la vida
se ve amenazado; solo si permanecen perfectamente “superfluos”, si no se puede
hallar a nadie que los “reclame”, pueden estar sus vidas en peligro.
Los
problemas de los apátridas, los refugiados, los “inmigrantes ilegales”, o
incluso los inmigrantes legales que son tratados como ciudadanos de segunda
clase (o incluso como no-ciudadanos) se han diversificado, complicado y cargado
de tensiones explosivas en nuestro tiempo. Debemos tomar seriamente la
advertencia de Arendt acerca de lo que puede ocurrir cuando masas de personas
se vuelven súbitamente superfluas. Si no encontramos formas de enfrentar este
fenómeno de una manera humana que reconozca como fundamental el “derecho a
tener derechos”, las soluciones totalitarias al problema de la superfluidad
permanecerán como una fuerte tentación.
De
hecho mi opinión actual es que el mal nunca es “radical”, que es solo extremo,
y que no posee ni profundidad ni dimensión demoníaca alguna. Puede crecer y
devastar el mundo entero precisamente porque se expande como un hongo sobre la
superficie. “Desafía al pensamiento”, como dije, porque el pensamiento trata de
alcanzar alguna profundidad, ir a las raíces, y en el momento en que se
preocupa del mal, se frustra pues no hay nada.
¿Qué
es precisamente la banalidad del mal? ¿Es esta noción todavía relevante para
afrontar al mal hoy en día? La frase “banalidad del mal” es una de las razones
principales por las que Eichmann en Jerusalén provocó –y todavía provoca– tanta
controversia. Podría haber sido mejor que Arendt usara una expresión menos
provocadora, como la sugerida por Seyla Benhabib –la “rutinización del mal”.
Pero “banalidad del mal” tiene un poder de conmoción que nos insta a detenernos
y pensar –a enfrentar las nuevas formas que el mal ha asumido en nuestro
tiempo.
Esas
suposiciones identificaban el mal y la mala intención tan plenamente que negar
lo último era normalmente visto como una manera de negar lo primero. Ahí donde
la mala intención está ausente, podemos considerar a los agentes responsables
del mal infligido, pero vemos ello como un asunto de negligencia criminal.
Alternativamente, quien niega que la intención criminal esté presente en una
acción particular es considerado como alguien que exonera al criminal. Esta es
la fuente de la controversia que todavía rodea a Eichmann en Jerusalén de
Arendt… La convicción de que la culpa requiere malicia y premeditación llevó a
que la mayoría de lectores concluyera que Arendt negaba la culpa porque negaba
la malicia y la premeditación –pese a que ella con frecuencia repetía que
Eichmann era culpable, y estaba convencida de que merecía ser ahorcado7.
Pese
a que Arendt no pensaba que Eichmann fuese un monstruo satánico, era
responsable de sus actos; no fue un mero engranaje burocrático en la máquina de
la muerte nazi. Arendt rechaza categóricamente lo que ella llamaba “la teoría
del engranaje”. En respuesta a la afirmación de que uno era un mero engranaje
en una máquina, siempre es apropiado preguntar: “¿Y por qué se volvió usted un
engranaje o continuó siendo una rueda bajo esas circunstancias?” (PRD, 186)
¿Por
qué es tan controversial el concepto de “banalidad del mal”? Sugiero que la
razón de ello está relacionada a Arendt en tanto que pensadora independiente.
Ella estaba convencida de que con el evento del totalitarismo había habido un
quiebre radical en la tradición. No se puede seguir confiando en las
categorías, conceptos y normas tradicionales para comprender lo que ha
sucedido. La tarea es forjar nuevos conceptos y categorías que iluminen la
oscuridad de nuestro tiempo. Debemos aprender a apartarnos de las dicotomías
simplificadoras en las que se asume falsamente que si negamos que alguien tenga
intenciones malas deliberadas, estamos afirmando su inocencia. Debemos aprender
a comprender cómo alguien puede no tener malas intenciones y ser
“aterradoramente normal”, y al mismo tiempo ser responsable y punible por sus
actos. 9
Ahora,
en el siglo veintiuno, en un mundo inundado de refugiados y víctimas de
“limpiezas étnicas”, en el que el racismo y el fanatismo continúan dominando la
política, y en el que tribunales internacionales juzgan a militares de a pie de
genocidio y a sus superiores políticos y militares, Eichmann aparece cada vez
más como un hombre de nuestro tiempo.
Esta
es la lección principal de la banalidad del mal. Uno no tiene que ser un
monstruo, un sádico o una persona viciosa para cometer actos terribles y
malvados. Las personas normales en su vida diaria, “los ciudadanos decentes”,
incluso líderes políticos respetables, que están convencidos de la rectitud de
su causa, pueden cometer actos monstruosos. Las condiciones burocráticas y
tecnológicas de la modernidad hacen de esto un fenómeno mucho más plausible y
peligroso. Pero, como enfatiza Arendt, esto no mitiga la culpabilidad y
responsabilidad de quienes cometen estos actos. Arendt desea que afrontemos
honestamente la “paradoja” de que si bien las personas normales pueden cometer
acciones horrendas incluso sin intenciones deliberadas, son sin embargo
completamente responsables de estos actos y deben dar cuenta de ellos.
Es
casi maniqueo porque a diferencia de los maniqueos, que pensaban que el Bien y
el Mal eran primordiales y equivalentes, y estaban involucrados en una lucha
eterna, nuestra mitología –tan dominante en nuestras películas de Hollywood,
nuestra cultura popular y nuestra retórica política– es una en la que “sabemos”
que el Bien triunfará en última instancia sobre el mal.
Arendt
nos compele a enfrentar la difícil y dolorosa pregunta acerca del significado
del mal en el mundo contemporáneo, la facilidad con la cual se vuelve a los
seres humanos superfluos, la debilidad de la así llamada “voz de la
conciencia”, las formas sutiles de complicidad y cooperación que “acompañan” a los
actos asesinos.
En un crimen tan enorme y complicado como el
que hoy consideramos, en el que mucha gente participó, en diferentes niveles y
mediante diversas formas de actividad (los planificadores, los organizadores y
aquellos que ejecutaron los actos, de acuerdo a sus varios rangos), no tiene
mucho sentido usar los conceptos ordinarios de asesoría y prestación de
servicios en la comisión de un crimen. Pues estos crímenes fueron cometidos en
masa, no solo con respecto al número de víctimas, sino también al número de
aquellos que perpetraron el crimen, y el grado en el cual cualquiera de los
criminales estaba cerca o lejos de la víctima no significa nada en lo que se
refiere a la magnitud de la responsabilidad. Por el contrario, en general, el
grado de responsabilidad se incrementa a medida que nos alejamos de la persona
que usó el instrumento fatal con sus propias manos.
CONCLUSION
Este
trabajo analiza dos conceptos centrales en la obra de Hannah Arendt: el mal
radical y la banalidad del mal. En el desarrollo se explora las relaciones
entre las condiciones del ser moral y el ser político. La tesis principal
sostiene que la aparición del mal radical en la historia del siglo XX excluye
la acción política de las relaciones humanas. Lo político nace en la pluralidad
de las relaciones humanas, y su destrucción tiene que ver con la actitud
irreflexiva, la incapacidad para pensar y juzgar las acciones propias y de las
otras personas. Sin embargo, el ámbito político puede ser protegido si las
personas reafirman su diferencia, si son capaces de encontrarse consigo mismos
en la actividad del pensamiento, al menos en ciertos momentos de crisis social.
Puede que el pensamiento no proteja a los hombres de la maldad, pero sí
mantiene la condición de la pluralidad humana. Pero la lección de Arendt nos
muestra que el camino para comprender es volver a pensar. Arendt sostiene que
en las sociedades modernas la mayoría de nuestras acciones son de índole
utilitaria, y que la maldad nace de extremar el egoísmo. Por su parte, el mal
radical, como se ha dicho, no puede ser
comprendido a partir de motivos utilitarios.
POLITICA,
GOBIERNO Y SOCIEDAD CIVIL
ESTATISMO
VS NEOLIBERALISMO
Estatismo
es un término utilizado en el ámbito de la filosofía política que enfatiza el
rol del estado en el análisis de los cambios políticos; o, en describir
corrientes políticas que apoyan el uso del estado para alcanzar ciertas metas.
Es lo opuesto a anarquismo o a libertarismo
El
estado interventor fue motivado en
primer lugar por el incremento de las
luchas sociales en pos de la democracia
y la justicia distributiva. La columna vertebral del estado fue el pacto entre
el gobierno el sector patronal y el movimiento obrero organizado. Sin embargo
el estatismo sufrió serie deficiencias
como burocratismo, crisis de las finanzas públicas, paternalismo
corrupción y crecimiento desproporcionado
del aparato público.
Neoliberalismo
es uno de los nombres que se usa para describir una ideología económica.
También se puede llamar capitalismo corporativo, globalización corporativa,
globalización, y hasta la economía suicida. Esta ideología es la que
actualmente domina las políticas de la economía global. El neoliberalismo, cómo
llegó a dominar el mundo económico, cómo el neoliberalismo afecta a los pueblos
del mundo.
Criticaron la formula económica del estado y propusieron
disminuir la demanda social, hacer eficiente en términos tecnocráticos el
aparato público y particular mente dejar que el mercado opere sin restricciones-
El
neoliberalismo sigue siendo la ideología dominante en los gobiernos de muchos
países, tanto ricos como pobres; en las corporaciones transnacionales; y en
organizaciones multilaterales como el Banco Mundial, el FMI, y la Organización
Mundial del Comercio. La calidad del neoliberalismo no puede dar lugar a la expansión de nuevas formas de totalitarismo, por eso
miles de gentes están trabajando para
entender y explicar los principios destructivos del sistema neoliberal; y para
proponer y construir formas económicas alternativas, en las que el mercado está
subordinado a los derechos humanos, la justicia para todos y todas, la
democracia, y la sustentabilidad medioambiental.
TERCERA
VIA NEOPOPULISMO.
El
neopopulismo es una tesis reciente sobre un tipo particular de liderazgo
político que, a grandes rasgos, se caracterizaría por tres elementos:
Un
discurso crítico hacia las élites establecidas, se responsabiliza de los
problemas sociales a la mala gestión de las elites establecidas en el poder y,
para ello, se reivindican figuras dicotómicas del tipo amigo/enemigo (como, por
ejemplo, pueblo versus elite, pobre versus rico o indio versus blanco);
El
uso de técnicas avanzadas de ingeniería política, la estructura partidista pasa
a un segundo plano para convertirse en movimientos de apoyo al líder;
La
preponderancia de una mediación entre líder y masas a través de los medios de
comunicación de masas. Se acrecenta la relación mediática propia del populismo
clásico, pero ahora se recurre a nuevas técnicas de marketing y de
teatralización, de modo que el liderazgo personal carismático y los mensajes
televisivos adquieren una mayor preponderancia.
Si
bien el neopopulismo es un fenómeno que se da en varias partes del mundo, éste
tiene un carácter destacado en América Latina, y es indistinto a partidos de
derecha o de izquierda. En esta región la emergencia del neopopulismo se relaciona
con los procesos de doble transición que se producen en los años ochenta; esto
es, el tránsito de una sociedad y economía aislada a una integrada a la
globalización y el paso de regímenes autoritarios a otros democráticos. Como
resultado de estos procesos de doble transición se ha ido dando una
desarticulación de las clásicas relaciones que existían entre partidos
políticos y ciudadanía, de modo que se abre un espacio para la generación de
nuevos tipo de liderazgo.
NUEVA
SOCIEDAD CIVIL
Los
grupos pertenecientes a la sociedad
civil están relacionados con las actividades de orden público, la sociedad
civil por su naturaleza, es plural. Solo la democracia proporciona las bases
para una sociedad civilizada que cumple el sueño de la modernidad. Esta sociedad con sus atributos dialógicos y publicitarios
aparece como voz de batalla contra el
autoritarismo.
DEFINICION
DE LA SOCIEDAD CIVIL-
La
sociedad civil o espacio cívico ocupa un
lugar intermedio entre el gobierno y el sector privado. No es donde votamos ni
tampoco donde compramos y vendemos. Más bien
en donde hablamos con nuestros semejantes sobre la protección mutua,
planeamos los beneficios de nuestra comunidad, discutimos la manera en la que
nuestra sinagoga o iglesia pueden ayudar a los desamparados. En este terreno
nos convertimos en agentes públicos y compartimos con el gobierno el sentido de la publicidad y
el compromiso con el interés común y el
bienestar. Pero a diferencia del gobierno, no reclamamos para nosotros el
ejercicio del monopolio de la fuerza legítima. Más bien trabajamos aquí voluntariamente y en ese sentido habitamos en
el reino de lo privado dedicado a la cooperación para lograr el bien público.
La sociedad civil comparte con el sector privado el don de la libertad. Es
voluntaria y está constituida por asociaciones libres, individuos y grupos.
Pero a diferencia del sector privado su propósito es la formación de un terreno
común y formas consensadas de acción. En
consecuencia, la sociedad civil es pública sin ser coercitiva; voluntaria; sin
ser privatista. A esta área pertenecen nuestras
instituciones civiles tradicionales como las fundaciones, las escuelas, las
iglesias, las agrupaciones de interés público. Los medios de comunicación
también se inscriben en la sociedad civil siempre y cuando ellos pongan sus responsabilidades públicas por encima de sus
intereses comerciales.
REPUBLICANISMO
Y COMUNITARISMO
La
doctrina liberal tiene una idea de la
justicia nutrida por los derechos
individuales y el principio de neutralidad, El
republicanismo es una teoría política que propone y defiende la república como
el modelo de gobierno óptimo para un Estado. En sentido estricto, la república
se define en oposición a las otras formas clásicas de gobierno: la monarquía y
la aristocracia; así como a sus respectivas corrupciones: el despotismo y la
oligarquía. Por extensión, se refiere a un sistema político que protege la
libertad y especialmente se fundamenta en el derecho, en la ley como expresión
de la voluntad soberana del pueblo y a la que no puede sustraerse nunca un
gobierno legítimo. Se ha escrito mucho sobre qué tipos de valores y
comportamientos deben tener los ciudadanos de una república para su desarrollo
y éxito; se suele hacer énfasis generalmente en la participación ciudadana,
valores cívicos y su oposición a la corrupción.
La crítica comunitarista se ha centrado en el
individualismo y su pretensión de que hay una autonomía moral vinculada a la
naturaleza universal de sus postulados.
Los comunitaristas rechazan esa
autonomía moral y las tesis
universalistas porno tomar en cuenta, entre otras cosas la
pertenecía que el individuo tiene con
una especifica comunidad de origen. Afirman que no hay individuos abstractos,
sino grupos humanos históricamente situados. Los hombres se socializan en comunidades de las cuales derivan su
identidad cosmogonía y categoría mentales.
DEMOCRACIA
Y SOCIEDAD CIVIL
Un
factor importante para la democracia y la
sociedad civil es la ciudadanía, simplemente si no hay ciudadanía no hay
democracia.
Sociedad
civil implica una perspectiva plural desde la cual las personas despliegan su actividad fuera de los cánones políticos, en la infinita variedad de
organizaciones que compone la sociedad
civil.
Sociedad
civil quiere decir libertad asociativa con el consecuente derecho de entrada y
salida. La democracia no consiste en la búsqueda del bien común por encima del
derecho, la democracia implica un conjunto de normas que regulan el juego de
intereses en competencia, se basa en la
racionalidad de las instituciones y del sujeto pensante. En la sociedad
civil moderna no le interesa cualquier tipo de Estado sino el Estado democrático.
Características
para una sociedad civil:
a.-
La existencia de un estado de derecho que efectivamente proteja a los
ciudadanos frente a las arbitrariedades de los funcionarios públicos
b.-
La solida presencia de organizaciones no estatales capaces de vigilar eventuales
abusos de poder de parte de quienes
controlan las orientaciones de las administraciones públicas y la coerción
c.-La
existencia de un pluralismo balanceado entre los intereses de la sociedad civil, tal que ninguno de esos
intereses pueda establecer un dominio absoluto.
Como
se puede apreciar la sociedad civil
tiene que combatir en varios frentes, contra el invasivo del Estado,
contra las nuevas tendencias disgregadoras
encamadas en el multicultarismo,
contra el corporativismo y contra los resabios del neoliberalismo.
En
resumen, el neopopulismo es una respuesta a la transformación de la
representación partidaria que se ha venido dando a contar de los años ochenta.
Resulta difícil hacer una evaluación de este tipo de liderazagos, pero sus
críticos señalan una serie de rasgos (excesivo personalismo, desperfilamiento
de las instituciones intermedias, bajo nivel de fiscalización, etc.) que, a su
juicio, lo hacen rechazable.